Leo’s Pizza

Leo’s Pizza, América, Coyoacán.
Jueves, 5pm.

¿Alguna vez has tenido uno de esos días en que estás cansado, acalorado y tienes hambre, pero no tienes intenciones de pararte por la cocina? Un día en que los astros se alinean para que tomes una mala decisión culinaria.

Decidimos ir a Leo’s Pizza, después de analizar muy poco nuestras opciones y de que expirara nuestro cupón de 50% de descuento en Didi Food. Ni modo, pensé, tendremos que salir a cazar nuestra comida.

En la antigüedad, nuestros antepasados iban tras mamuts y otros animales para sustentarse; ahora nos toca la difícil tarea de “cazar” una pizza, unos tacos, una torta, o lo que sea que vendan en la esquina cercana. En casos más privilegiados, salimos a cazar a nuestro repartidor que trabaja -por un salario chiquitito- para algún delivery de comida.

En fin, después de darnos cuenta de que la comida no nos saldría barata, nos armamos de valor para salir al calor característico de la CDMX (aunque haga frío en la sombrita).

Lo pensamos muy poco. Descartamos una fonda cercana, caminamos sin rumbo fijo (o tal vez inconscientemente fijo, porque sólo tenía en mente una pizzita de liru sisa). Finalmente, a unas cuadras de la casa, terminamos por encontrar el restaurante Leo’s Pizza.

¿Qué esperar de un lugar tapizado de pósters temáticos de Italia, con el clásico mantelito a cuadros rojos y decoraciones en el techo con botellas de vino?.
Al entrar, sugerí brevemente revisar la carta, pero fui rechazada porque mi pareja ya había probado estas pizzas antes en otra sucursal y, según él, estaban ricas. Dato de vital importancia: AMAMOS la pizza y confío ampliamente en su gusto pizzero.

Cuando ves tanta decoración “italiana” y precios tan altos en la carta (la cerveza costaba 2.5 veces más que en el supermercado), esperas realmente un producto de calidad. Vaya decepción…

Nos costó un poco decidir dónde sentarnos, entre las 14 mesas vacías que había fue difícil encontrar un lugar donde la música no estuviera sonando sobre nosotros (música que, por cierto, no iba ad hoc con el ambiente rústico/familiar/indefinible que buscaba generar el restaurante). Nunca logré identificar si era una estación de radio comercial o si era la primer playlist autogenerada de música pop actual que encontraron en internet. En cualquier caso, era incómodo.

“Pareciera que no saben lo que hacen”, me dijo mi acompañante, “porque se esmeran mucho por la decoración, por las botellitas en el techo, pero te sirven pan de la casa en una canastita de plástico” (fea, a riesgo de sonar purista) “y chiles en vinagre”; todo al mismo tiempo que te dicen “Eso que pidió no lo tenemos, ¿le ofrezco otra cosa de entrada?”… Claro, porque son un lugar de comida italiana bien cara ¡Y no tienen pan!

“Déjelo así”, igual no nos animaban sus otras opciones de entradas, porque, así como ofrecen berenjena al horno y bruschettas con aceite de oliva, te pueden dar papas a la francesa o papas fritas con limón y salsa Valentina. Juro que no soy purista, no me molesta en lo absoluto lo versátil en el menú, pero todo en el restaurante iba encaminado hacia un ambiente formal y me parece risible que te vendan papas fritas con limón y salsa Valentina por $100 (o más).

El servicio fue rápido, primero llegaron las bebidas: una limonada (un poco pasada de limón) y una soda italiana (que ni probé). Poco después llegó la pizza. Una pizza mediana (que para sus 600-900gr costó más de trescientos pesos) de hongos, aceitunas negras, queso de cabra y tomate deshidratado. Hay que mencionar sus aciertos, ya que nunca en mi vida había visto una pizza con tanto queso de cabra. No pudimos terminárnosla. Es difícil aguantar el peso conjunto de esas cantidades de queso cremosón más la masa.
No estaba mal pero tampoco me pareció que valiera su precio, ni en sabor, ni en cantidad… La calidad no era mala, pero por los mismos $300 de pizza y $55 de limonada puedes comer verdadera comida italiana en un restaurante que solo está a una cuadra de distancia, sobre Miguel Ángel de Quevedo (seguro les contaré de ese lugar pronto).

No tengo comentarios en contra de la atención de los meseros, hicieron su trabajo en buena forma, y claro que se les dio su propina correspondiente.

Nos fuimos de ahí decepcionados, con nuestras 3 rebanadas de pizza sobrantes en una charolita de unicel, sin ganas de volver y con arrepentimientos. ”Si hubiéramos ido a la fondita de la esquina habríamos comido rico por $300 menos.”

Lo que duele no es el dinero, sino la experiencia culinaria. Hay cierta frustración en comer con mucha hambre esperando que sea algo delicioso y terminar decepcionado. ¿Qué, no se supone que cuando comes con hambre todo sabe mejor?

Si quieren ir para darse un quemón del restaurante dejo la dirección abajo. Si quieren ir a un lugar con pizzas y comida italiana realmente ricas también les dejo el lugar abajo.

Si quieren ir para desmentirme y decir “no, chica, te equivocaste, es un lugar muy bueno”, espero los comentarios de su experiencia. Si ya fueron y están de acuerdo conmigo, compartan la palabra con sus conocidos.

Si quieren que haga más reseñas de restaurantes de la CDMX, denme dinero para ir a ellos, de lo contrario esperen a que sea un cumpleaños, aniversario u ocasión especial en que vaya a algún lugar diferente.

Me encanta comer. Adoro comer rico. Amo comer rico, con calidad y a precio justo.
Los quiero por leerme.

Leo`s Pizza
América 219-B, Barrio de, San Lucas, Coyoacán, 04030 Ciudad de México, CDMX
55 5687 0168
https://maps.app.goo.gl/grPfbmvemAhkERBp8

El lugar rico que comenté

Rosso di Sera
Av Miguel Ángel de Quevedo 854 A, La Concepción, Coyoacán, 04020 Coyoacan, CDMX
55 7028 9751
https://maps.app.goo.gl/Fj1srqatTvbvHZh59

Publicado por danviciuz

Músico jóven. México. Me encanta comer. Adoro comer rico. Amo comer rico, con calidad y a precio justo.

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